miércoles, 28 de enero de 2009

ARGENTINA, ES ASI

Estamos a más de 25 años de democracia sin interrupciones y nuestro bendito país parece no querer crecer jamás. Ya es sabido, que en el plano económico los periodos de cierta estabilidad no duran más de 10 años, si no cambia el gobierno de turno. Sabemos que los argentinos no queremos nuestra moneda, sea del color que sea, y tenga el nombre que tenga. Los que pueden, optan por el dólar y los más modernos por el euro. El peso argentino, es algo que nos sentimos obligados a tener pero poca gracia nos causa a la hora de ahorrar, en el feliz caso en que podamos hacerlo.

En el plano político, la mayoría de los argentinos no tenemos ningún interés en entender sobre qué bases se conforman los partidos políticos. Lo cierto es que esas bases, son tan inestables y cambiantes que poco podemos hacer quienes queremos indagar sobre cuáles son los pilares ideológicos sobre los que determinado partido político funda sus campañas o su accionar. Nadie quiere a los políticos, pero en los asados, reuniones y las charlas de café somos capaces de agarrarnos a las piñas por defender a tal o cual personaje. Finalmente cuando el gobierno elegido no colma las expectativas generales, mágicamente nadie los votó y todos estuvimos en contra.

En el plano social hay poco que haya cambiado durante los últimos 25 años. La clase alta, sigue viviendo en su burbuja y poco le interesa lo que suceda en el país, a menos claro, que sus intereses personales sean puestos en riesgo. La clase alta, en general y salvo honrosas excepciones, no se caracteriza, como hace muchos (y digo muuuchos) años, por poseer un elevado nivel de educación, sino que al tener mayor acceso a ciertos estamentos nacionales e internacionales fortalecen ciertos conocimientos que en la mayoría de los casos solo pueden ser útiles dentro de esa burbuja social. La clase media, si bien posee un nivel educativo más elevado, a comparación de las clases altas, son las más afectadas por los ribetes de la política general argentina. Es por ello, que entre la clase media, prima un mayor interés por la estabilidad económica que por el fortalecimiento educativo. La clase media es la clase que mas incidencia política tiene tanto para la clase alta, como para la clase baja principalmente por su composición social. La clase baja argentina, suele nutrirse de casos particulares. La poca movilidad social ascendente que se ha presentado durante los últimos 25 años en las clases bajas, ha provocado que dicha clase se encapsule culturalmente provocando un serio abismo cultural con la clase media. El nivel de educación que se registra en la clase baja argentina es hoy en día lamentable y producto de las conveniencias políticas de las últimas décadas se encuentra en clara decadencia. La utilización descarada de la clase baja con el objeto de lograr réditos políticos ha sido una constante desde la instauración de la democracia. No es novedad, que las prebendas políticas tengan su caldo de cultivo en aquellas regiones en donde el nivel económico y educativo se encuentra en estado desesperante. Atrás quedaron esos años, en donde las clases bajas eran sinónimo de trabajo, honradez y posibilidades, ya que hoy lo único que alojan es miseria, abandono y utilización política.

Teniendo este panorama, que casi no ha cambiado desde hace 25 años, la cuestión que se plantea es el porqué seguimos los argentinos inertes ante una radiografía que no cambia. ¿Cuáles son los motivos que necesitamos para ejercer un cambio profundo en nuestra sociedad (la de todo el país, no la de Buenos Aires solamente) para poder modificar este diagnostico? ¿Cómo podemos como seres humanos (no ya como argentinos) soportar este tipo de situaciones sin que nada cambie en su estructura? Es llamativo también, que los principales actores de la política de hace 25 años, siguen en escena cómodamente y sin inhibiciones, como si todo fuera una gran obra de teatro que sigue en cartel por su “gran éxito”. Aún cuando parte de la sociedad planteó en la crisis político-económica de 2001-2002 una purga política profunda (el famoso “que se vayan todos”, ese planteo quedó en el éter, una vez que la calma económica reinó nuevamente en el 2003. ¿Es posible que los argentinos nos auto-inflinjamos nuestros propios males? Sí, es posible. La realidad lo demuestra rotundamente.


Clax.

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